jueves, 4 de junio de 2009

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LA CASA PUERTA

No se en que momento me fijé en ellas por primera vez. Allí estaban las dos, sentadas en esas sillas de colores. Con el esparto arañado por el tiempo. A la sombra de aquella casa puerta, bañada la fachada con ese blanco luna que tanto me gusta de este sitio.
Estaba calurosa la mañana, cuando decidí sentarme, como en otros días, a la sombra de aquel café-bar que había enfrente de ellas y que tan bien atendía Don Florencio.
Como siempre, me tomé un buen café solo con hielo, para refrescarme del calor y del remordimiento.
Y allí estaban,las dos, pelando con toda la gracia posible, las habichuelas que jugaban con ellas en sus manos. Y agachándose a por las que caían resbaladizas por sus faldas. Y mirándose la una a la otra,como pidiéndose permiso para recuperar la que se escapaba más lejos de lo normal.

No se en quién me fijé primero, si en la madre o en la hija. Una, morena negra, con los ojos del color de la ciruela, el pelo ondulado abrazado a sus hombros,la sonrisa enmarcada por sus labios a juego con su camisa roja.La falda abrigada por un mandil que servía de cesto para sus frutos pelados.Y en silencio, con la palabra en la mirada y la mirada en la hija. La otra, chica, con los pies jugando con el poco que le quedaba para llegar al suelo. La falda blanca y la mirada limpia, la misma mirada con la que contestaba a la madre. Y entre ellas ,las habichuelas.

No sé quién habló primero, pero cuando yo empecé a escucharlas, la chiquilla empezaba a interrogar a la madre sobre algún asunto relacionado con un ser supremo...


- entonces..... ¿puedo verlo?

- no,no,hija...no puedes verlo..

- ¿no tiene cara?
-No, no tiene cara.No la cara que tú y yo conocemos.

-¿Y cómo se que existe, entonces?

- Bueno, no lo sabes. Lo crees. Lo sientes.

-¿Y todo el mundo cree en él?

- Nooo, todo el mundo no. Algunos que creen en él, le llaman de una forma. Otros le llaman de otra.Pero en el fondo, es lo mismo.

- ¿Y por qué creemos en él si no le vemos?

- Por qué es necesario.

-¿Para quién?

-Para todos nosotros.

-¿y por qué?

- Bueno, nos ayuda a ser buenos....a soportar el dolor,....a querernos más....

-¿Por qué.....?. ¿ No somos capaces de querernos por nosotros mismos?

-Siii...pero él nos ayuda a querernos más.

-¿Tú querías a la abuela Tula?

- Si, claro. Era mi madre. ¿Cómo no la iba a querer?

- Ella no creía en él. Ella creía en mi.... ¿La quieres menos ahora?

- Ayy, María¡¡¡ Tú y tus cosas... calla y sigue pelando.


Entonces, en ese momento me fijé. Me fijé en el deseo que me empujaba por averiguar a que sabría su cuello de color canela.

No se en qué momento me enamoré de ella.

3 comentarios:

genialsiempre dijo...

Es que es fácil enamorarse de la gente sencilla, cotidiana, la que hace que la vida transcurra placidamente, sin estridencias...esa gente buena.

José María

Pedro dijo...

También has conseguido que me enamore yo, y eso sin verla. Tus descripciones son más que suficientes.
Me alegra tu decisión de crear un blog; la buena literatura nunca está de más.
Ya estás enlazada en el blog de la Escuela. Y en el mío.

Un beso.

Anatxu dijo...

Gracias,chicos. Vosotros siempre al pie del cañón.Espero no defraudar, jejejjeje.
besitos