lunes, 8 de junio de 2009

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LA COCINA DE LA ABUELA TULA

He querido abrir una sección nueva donde la protagonista será mi abuela Tula y su cocina. Su cocina filosófica y amatoria.
Os explico.
Mi abuela Tula, que nació en 1900, era una mujer atípica en su tiempo. Era una mujer intelectual, divertida y algo especial...Y según continuéis leyendo, la iréis conociendo y entenderéis por qué.

Ella era, además de una gran mujer, una gran cocinera. Y con los años fue enseñando a sus nietas el arte de cocinar. Pero no el arte culinario como lo podemos entender ahora. No. Si no el verdadero arte de conquistar con la cocina.

Ella decía siempre que al hombre se le conquistaba con las manos y con la boca. Por supuesto, nosotras, sus nietas, entendíamos que era una forma de explicarnos que se le conquista por el estómago. Aunque, con el tiempo, entendimos perfectamente lo que quería decir. Y vosotros lo entendereis también.

Lo primero que ella exigía era una cocina de verdad. No como las de ahora. Una buena cocina era aquella que cuando tú entrabas no oliera a detergente, ni a lejía y mucho menos a jabón lagarto. Aquella cocina tenía que oler, nada más entrar, a sabores. Y el mejor perfume para esa habitación eran las especias. Todas. No debía faltar ninguna.

Tampoco debía estar llena de trastos ni utensilios de ferretería. Allí sobraban las espumilleras, las pinzas y los grandes tenedores. Y qué decir de los aparatos, se muere otra vez si ve esas cocinas llenas de trituradores, o de batidoras, o máquinas que cocinan solas. Eso no iba con ella.
Las mejores herramientas que había en su cocina eran unas manos. Manos para amasar, para mezclar, para untar, para separar, para todo.

Esa gran cocina debía ser lo suficientemente espaciosa para poder moverte con agilidad pero sin prisas. La buena cocina se resiste a las prisas. Lo único que se necesitaba eran cuatro buenos fogones. Una buena mesa en el centro, que nunca se sabe cuando puede llamar el cartero. Un horno a fuego de carbón o leña y una gran fresquera para que todo estuviera en su punto en el momento que lo necesitásemos.

Como norma general, era de uso obligatorio el mandil o delantal para poder trabajar a gusto y no preocuparse de nada más. Por último, y no menos importante, el secreto estaba en las manos. Una buena cocinera debía tener las manos siempre limpias ya que a partir de ahora, serán nuestras herramientas de trabajo y sólo ellas tocaran la materia.

Yo a esto y con permiso de mi abuela, añado dos cosas. Que no falte nunca una buena copa de vino y un cigarrito. Y si lo acompañamos con buen ritmo de jazz o de soul, mejor que mejor. Pero esto es un añadido mio, que quede claro.

Una vez resuelto el tema de lo que una buena cocina necesita, pasamos a la cocinera. Esta debe ser limpia, alegre, predispuesta y muy,muy imaginativa. Por que para mi abuela, uno de las esencias importantes de la buena cocina es la buena imaginación. Sin ella ,no llegamos a ninguna parte. Por supuesto abtenganse las mujeres con remilgos o con ascos, puesto que en esta cocina la principal herramienta de trabajo serán las manos.

Eso si, no pueden faltar ingredientes como harina, leche, huevos, azúcar, sal, levadura, pan rallado, distintas carne y pescados, frutas, verduras, hortalizas y la ya mencionadas e indispensables especias.

Una vez dicho todo esto y esperando que no se me olvide nada, espero que esta nueva sección os guste y ,sobre todo, cambie vuestro paladar y el de vuestro acompañante.

Que os aproveche.

2 comentarios:

genialsiempre dijo...

Me parece que tu sección va a ser un éxiode público, por lo que en ella se cuenta y lo que se insinúa. Si además aprendemos algo de cocina...para qué queremos más.

José María

Pedro dijo...

Ya se me hace la boca agua. Yo es que soy más de comer que de cocinar, pero ya se irá viendo.
Espero con impaciencia los menús de tu abuela.