jueves, 18 de junio de 2009

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RELATO SIN TÍTULO AUN

Esto es un borrador así que acepto ideas para su mejora. Os lo iré dejando poco a poco, para que lo disfruteis como un buen vino.
Besos y espero que os guste.



“No acababas de llegar cuando ya te habías ido, mi querida Laura. Infinitamente tuyo”

Y esto no era una despedida, si no un hasta pronto. Quiso dejarle el único patrimonio que había tenido en su vida. Su amor por ella.

Esa fue la nota que su madre le entregó cuando ella fue a verla nada más saber la noticia. “Ricardo se ha suicidado” fueron sus palabras, nada más. Y colgó.

Laura se quedó inmóvil delante del teléfono sin poder pensar en otra cosa que no fueran esas rotundas palabras. ¿Pero cómo que Ricardo se había suicidado?

Cogió su bolso y su abrigo y salió corriendo hacia la casa de él. Cuando llegó no podía casi ni respirar. Recuperando el aliento, llamó con mano temblorosa al portero automático y tal y como esperaba, no le contestó nadie. Volvió a intentarlo pero la esperanza de escuchar la voz que tantas veces se había convertido en su conciencia no aparecía por ningún lado. Miró a cada lado de la calle con la confianza de que en cualquier momento le vería aparecer y le entraría la risa tonta que siempre le entraba cuando él le gastaba alguna broma, casi siempre pesada. Pero no apareció y ella tuvo que volver por donde había venido.

Recorrió las calles, un poco sin rumbo, hasta decidir que donde tenía que ir era a casa de Pepa, la madre de Ricardo. Dirigió la mirada oteando la ruta que debía seguir y se puso en camino. Cuando por fin sus pies la llevaron al enorme portal, no supo como adentrarse al abismo que imaginaba se encontraría allí arriba. Se miró para comprobar el aspecto que tenía y entonces se dio cuenta que tenía las medias rotas. Quiso dar media vuelta para cambiarse pero la incertidumbre la pudo y recorrió los escalones que la separaban de la despedida. Se colocó delante de la puerta que se le antojaba grande y llamó con los nudillos de la cobardía. Nadie contestó pero se oían a lo lejos los pasos de la tristeza que arrastraban a Pepa hacia donde ella estaba. Y por fin abrió.

Sus ojos se descubrieron como se descubren dos almas en pena y se arroparon sin tocarse apenas pero aquello fue suficiente para las dos. Sabían para que se habían encontrado y las dos lo aceptaron sin tapujos. Una tenía el bolsillo lleno de preguntas y la otra el cesto lleno de respuestas. Levantando la mano, la Pepa le entregó unas llaves y una nota. Y sin poderla mirar a la cara le dijo:

- Léela de camino. Es de su puño y letra. Debió de ser lo último que escribió.-

Y con un mero roce de manos, Laura cogió la nota y sin mirarla apenas se la guardó en el abrigo con tanta delicadeza como le fue posible y le preguntó:

- ¿Y qué hago con esto?

- Rebusca y encuentra. Le contestó la vieja, cerrando la puerta.


2 comentarios:

Pedro dijo...

"...Y esto no era una despedida, si no un hasta pronto."
¿Un hasta pronto? este remate me inquieta un poco; ¿qué será de Laura ahora?
Tiene muy buena pinta este relato, Ana, pero continúalo pronto, porfa, y ya juzgaré.

Saludos (¿cómo va esa pierna?).

Anatxu dijo...

Gracias, la pierna está ahí, aunque de baja, la pobre. Y yo, aquí, sin casi moverme, pero sin baja,claro.
Pero me viene bien para escribir y para que me cuiden como hacía tiempo.. jejejejeje
Tranquilo que el relato está proceso y así os lo haré llegar...