jueves, 25 de junio de 2009

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RELATO SIN TITULO III

Posándose delante de ella, la abrió sin pensarlo y acomodó la penumbra a sus ojos para poder desvelar el entorno que tan bien conocía. Y con el palpitar de su corazón en la mano, tanteó el interruptor de la luz para acoplar su vista al oscuro momento que le tocaba vivir mientras que en su memoria retomaba palabras para no sentir miedo. El miedo que quizás la llevó a no ver nada más allá que el espejo que reflejaba su propia imagen. Por que no estaba acostumbrada a hablar con su propio corazón, no sin él. Y en ese momento solo le quedaba la nota en su bolsillo, una nota que tendría que leer para provocar un eclipse, quizás un encuentro entre los dos. A solas.
No le costó más que un instante reconocer que todo estaba en su sitio. Ninguna señal indicando que allí había perdido la vida su amigo. Ningún mensaje, nada. Todo seguía igual de ordenado y limpio que siempre. Entonces, a la vez que continuaba andando, sacó la nota y se apoyó en el respaldo del sofá para acomodarse y leerla. Primero la acarició como si le acariciara a él. Luego echó un primer vistazo. Y por fin encontró valor para leerla. Por su mejilla aterciopelada, una lágrima comenzó a rodar, arrastrando el poco maquillaje que ella usaba. Con la punta de los dedos la secó y se recompuso. Poniéndose de pie, optó por ir al dormitorio. Y al entrar, una brisa de aire cálido la abrazó como quiso que lo hubiera hecho él. El mismo calor, la misma calma que él la regalaba en cada abrazo, en cada mimo. Y la inseguridad se apoderó de ella por momentos, creándola un estado de excitación a la vez que la balanceaba en el columpio de la incertidumbre. Las preguntas se amontonaban en su cabeza exigiéndola respuestas inmediatas a las que ella no podía contestar o no quería.

2 comentarios:

genialsiempre dijo...

Sigue...te está quedando bonito

Pedro dijo...

Esto va bien. Ya has creado una atmósfera cojonuda, ahora a ver como te las apañas para no defraudar.

Un saludo.