lunes, 6 de julio de 2009

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RELATO SIN TITULO VI

Se quitó los zapatos y los dejó apartados, a un lado, para que la comodidad fuera su compañera en ese rato que le tocaba vivir. Movió con gracia los dedos de los pies y, mirándolos, recordó como se reía él de ellos. Decía que eran casi de hombre y ella se enfadaba. Un día decidió pintar sus uñas para que el aspecto masculino desapareciera de sus pies, pequeños, coquetos, pero masculinos….
No podía sacar los recuerdos que llamaban a la puerta de su nostalgia. Y reconoció que aquél no sería un buen momento. Sabía lo amargo de lo que le esperaba y quiso implorar fuerzas a quién fuese. No quería pasar por ahí, pero que otra cosa podría hacer. Lo mejor era enfrentarse lo antes posible y con valor, como él le decía siempre. Y recogiendo sus piernas como una niña, empezó a pensar el protocolo que iba a seguir para contemplar todo aquello que ahora tenía entre su cuerpo y el suelo, entre el recuerdo y el olvido, entre la vida y la muerte.
No pudo dejar de mirar de un lado a otro, contemplando las estampas como si no fueran con ella. Las miraba de forma pasiva y las volvía a mirar y remirar, pero no encontraba nada en ellas. Nada que la pudiera sacar de ese saco de incertidumbre.
Silencio, en la habitación y dentro de ella misma. Silencio en las fotos que parecían no querer confesar sus más íntimos secretos. Nada que pudiera llevarla hacia alguna pista. Por lo menos nada que ella reconociera.
La luz del sol se colaba por el vidrio de la ventana del dormitorio y eso producía una imagen casualmente mágica. Las diminutas partículas de polvo que volaban en el aire, se reflejaban en la luz solar que, sin permiso, se adueñaba de todo el espacio. Y el calor, que era amante inoportuno de la luz, envolvía como papel de regalo a toda esta imagen que ella contemplaba desde su rincón. Parecía que tenían vida propia, flotando por todas partes, como miles de campanillas en el país de nunca jamás.
Entonces recordó. Sin quererlo, recordó aquella frase que él dijo cuando se hicieron la primera foto juntos. Aquella foto sería su confidente. Estaba segura de eso. Nuestra primera foto. Este será nuestro principio y nuestro final. Las palabras se repetían en su cabecita una y otra vez. Nuestro principio y nuestro final…..

3 comentarios:

genialsiempre dijo...

No sé, parece que se alarga el momento de que pase algo. Seguramente esta sensación la produce el heho de leer un fragmento cada ciertos días, si fuese todo seguido no repararía en ello.
Así que,`¿porqué no publicas una entrada más extensa?, así nos quedaríamos más llenos del relato.


José María

Alinando dijo...

Esto tiene de por sí entidad de relato. Se preven acontecimientos, es verdad, y nada agradables por cierto, pero yo me quedo con la poesía de la situación: las motas luminosas flotando... la protagonista hundiéndose...

Me ha encantado Ana, retratas muy poéticamente las situaciones.

Pedro dijo...

El desenlace se hace de rogar, pero la lectura es tan amena y poética que eso apenas importa.
Sigue escribiendo, a ver donde nos lleva todo esto.

Un beso.