lunes, 23 de noviembre de 2009

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El beso soñado

Llevaba ya varias semanas ocupando el colegio de sus hijos.Y no se estaba mal.
No podía pagar la luz ni el agua de su casa, así que decidió, no se acuerda como, refugiarse en ese caserón de puertas borrascosas.
El edificio estaba cariñosamente abandonado, eso lo tenía claro, pero alguien lo limpiaba por que todo estaba impoluto.Tan impoluto que su hija y ella jugaban a deslizarse los miércoles por la tarde por el pasillo. Debía ser el día que lo enceraban porque estaba suave y se podía patinar sobre él.
Corrían por el pasillo hasta que se tiraban al suelo y se deslizaban hasta llegar a la última puerta donde frenaban contra el marco vigilante de su resquicio.
Intentaban no hacer mucho ruido para no llamar la atención y como agradecimiento a ese alguien que mantenía todo aquello con un aspecto hogareño y cómodo.
Ese último miércoles estaban las dos patinando juguetonamente sobre aquella alfombra de parquét cuando al llegar al final de aquella pista de patinaje libre su cuerpo se topó con él.
El asombro de ella sólo le permitió preguntarle que hacía allí, a lo que él contesto que estaba de paso, que sólo necesitaba quedarse unos pocos días.Que su madre aún no sabía que él y su mujer se habían separado y que prefería dejarlo así un tiempo.
Ella no le dijo nada aunque se extrañó de que después de un par de años separado no le hubiera dicho nada a su madre, pero cada uno afronta las cosas como puede.Así que se dio la vuelta y decidió continuar con el juego,pero la oportunidad de estar a solas con él era más fuerte que la necesidad de continuar la tarde lúdica con su hija. Se olvidó de la niña y le informó en un susurro que debía ducharse pronto para no llegar tarde al trabajo. Se fue quitando la ropa y se metió en la ducha.
Cuándo salió con la toalla puesta y el pelo negro y largo mojado se sentó ante el piano para tocar algo mientras se secaba y le intuyó parado en el marco de la puerta, sombrío pero bello. Callado pero mirando. Se le acercó por detrás y le ofreció una botella pequeña de cristal fino y frío a la vez que le dijo que no comiera nada, que sólo bebiera. Ella asió la botella y bebió. Mientras el líquido fue pasando por su garganta,refrescándola, fue descubriendo que aquello no era otra cosa que bozca con lima.
Se levantó y se fue para vestirse. Pero él la siguió, callado y mirando, sombrío pero bello. Y la observó como se quitaba la toalla y como secaba los resto de agua abrazada a su piel. Observaba como deslizaba la sutil tela fina de sus bragas por sus piernas, como se abrochaba el sujetador, de qué forma se colocaba la camiseta, como soltaba su melena atrapada en la tela.
Ella sabía que la estaba observando y eso le producía una sensación de excitación y de diversión que la obligó a agarrarlo por la cintura para acercarlo hasta ella y besarlo.
Cuando sus bocas se juntaron, de él salió una lengua larga y cilíndrica. Dura y fría como un reptil, que se coló en su laringe para amarla y poseerla. Entonces ella lo apartó de su lado bruscamente y vomitó.

7 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

El beso vomito de la pasión..

Un bello relato. me gusta como ilustras las escenas..

Un abrazo
Con mis
Saludos fraternos

Que tengas una muy buena semana..

Pd:Estaba ausente por cuestiones de salud..
pero ya de regreso por aquí..

Pedro dijo...

Nada es lo que parece al fin. Pero cada momento vivido hasta llegar al desenlace, han sido apasionantes.
Algo es algo, digo yo.
Tu imaginación no tiene límites.

Un beso (pero sin lengua, que vomitas).

Anatxu dijo...

Je,je,je .....
Nunca se adivina a qué sabe un beso hasta que se da...
Una lástima,nos ahorraríamos muchas vomitonas...
besitos

Sara dijo...

Ese tipo nunca me gustó.
Besicos.

Anónimo dijo...

nunca es tarde pa darse cuenta...que hay besos de reptil...pa quien le gusten, no?...
Fita

Alfredo.- dijo...

Me encantan tus finales tan..wow!

genialsiempre dijo...

Me ha encantado este relato.

José María