lunes, 22 de marzo de 2010

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.




Poemas de Francisco de Quevedo




2 comentarios:

Antonio Fassa dijo...

Gracias por acercarnos a lo clásicos.

Pedro dijo...

Y a mí que me llama más la atención toda esta poesía clásica que la mayoría de la que se escribe ahora...
Cuestión de gustos supongo.

Besitos, princesa.