sábado, 27 de marzo de 2010

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La leyenda de "El Zángano"

El Galipote, El Lugarú o El Zángano, es otro personaje que la tradición mágica de La República Dominicana cuenta. La leyenda original habla de un hombre con mucho poder que puede convertirse en animal. No obstante, también se llama Galipote a aquel hombre que se convierte en objetos inanimados, como troncos de árboles y piedras, a aquel que transfiere su conciencia a un animal, y al que por poderes mágicos han se convertido en un animal para diversos fines.

Según la creencia, los Galipotes son crueles y violentos, de una fuerza tremenda y de una inmunidad increíble a las armas. Otras leyendas aseguran que a estas criaturas sólo les gusta hacer maldades a la gente, tales como impedir el paso a caminantes nocturnos, extraviarles el camino o espantarlos en las zonas oscuras. No pocos parajes del país son tenidos como lugares de galipotes, y, cuando es menester atravesarlos, el viajero se vale de conjuros y amuletos para ahuyentar a estos seres. El galipote que se convierte en perro se denomina lugaru. Este vocablo proviene del francés loup-garou, que designa al legendario hombre lobo o lobizón de la leyenda licantrópica universal.

Nuestro lugarú es una herencia de la tradición mágica europea con algunos elementos africanos, y como no hay lobos en el caribe, es el perro el que la encarna. Por otro lado, el galipote que camina dando zancadas de gran altura o vuela convertido en ave nocturna, se denomina zángano o zancu. Se cuenta que este ser succiona la sangre de los niños durante las noches y es vinculado a supuestas actividades sexuales con infantes. Dicen que también puede hacerse invisible. Los conocedores de estos seres, sostienen que sólo son inmunes a la rama de un árbol llamado popularmente "palo de cruz", que tiene que ser cortada un Viernes Santo. Otros dicen que es menester utilizar un arma blanca que haya sido bendecida con agua y sal, o utilizando la magia atribuida al perro cinqueño.

Mi paso por estas tierras bellas y hermosas me dejaron encuentros con esta leyenda que se separa un poco de la original. Donde yo vivía, Samaná, había una mujer de aspecto tétrico, con un cuerpo extremadamente delgado y de un color grisáceo. Sus venas se reflejaban por todo el cuerpo y parecía que su piel era casi transparente. Su cabello de color blanco, era largo y descuidado. Y estaba continuamente sentada en la entrada de su casa, en un banco de madera, haciendo cestos. Siempre estaba ahí,haciendo lo mismo, cada día que pasa cerca de ese lugar.
Un día pregunté que le pasaba y fue cuando me encontré con la leyenda.La leyenda del Zángano.
Según me contaron, el zángano es un ser despiadado, que es capaz de succionar la sangre de un ser humano de forma tan lenta y tan continua que dicha persona puede estar toda la vida muriendose, pero con el alma intacta.
Suele atacar a las mujeres que han osado tener amores y desamores con un hombre casado. Por lo que el zángano la condena de por vida a vivir una agonía lenta y cruel, donde verá su cuerpo empequeñecer hasta llegar a ser un esqueleto cubierto de un pellejo llamado piel. Pero el alma penará todo este tiempo por su osadía.Hasta que la muerte se la lleve,pero sin poder olvidar nunca su amor.
La apariencia de perro coincide en las dos leyendas, y la pena,penita,pena, también.
Fue una experiencia conmovedora y apasionante. Y ,en cierto modo, real, ya que es de sobra sabido la agonía que pasa una mujer que se enamora de un hombre casado y la muerte a la que se enfrenta. No anda muy desencaminada la leyenda.

2 comentarios:

Sara Royo dijo...

Muy interesante. Las leyendas son el azúcar y la canela de un pueblo, verdad?
Besicos.

Pedro dijo...

Curioso personaje. Estas leyendas que nos acercas de países lejanos son muy interesantes, nos hacen conocer mejor a su gente y a sus cosas.

Un beso.