jueves, 24 de junio de 2010

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Cerrado por descanso....

A veces me ocurre que después de llevar una tarde entera preparando con esmero los ingredientes de lo que creía ser un delicioso pastel, uno de esos que deseo salgan sabroso, esponjoso y con el dulzor exacto. A ese que luego adornas con sumo cuidado para que la cosa salga con la mayor perfección posible, no porque sea soberbia ni quiera que mis cosas sean preferidas a las de otros. Tampoco es por la satisfacción de producir encanto o embelesamiento a las personas a las que está destinado mi envoltorio de crema y dulce. No creo que sea ninguna de estas cosas.

Pero después de llevar toda una tarde dedicada a este menester y de controlar el horno y su temperatura, el tiempo de coción, el dorado perfecto, de no quitarle el ojo como cuando los niños eran pequeños. Digo, que después de esta incubación minuciosa y mimosa, cuando por fin lo sacas de ese cascarón electrónico cuya temperatura la proporciona unas barritas y no el amor de una madre, cuando lo acojes con tus manos enfundadas en esos enormes guantes que te impiden abrasarte con el calor de la incubadora y lo dejas con toda la sutileza posible sobre la encimera contemplándolo como si fuera único, porque lo es en ese momento, y le das una vuelta y otra para comprobar que ninguno de sus bordes se ha estropeado con el trasiego de la mudanza, cuando por fin ves que todo está en su sitio y que lo único que queda es esperar a que se enfríe para poder presentarlo y probarlo, ahora lo que queda es esperar.

Y después de hacerlo durante un tiempo que se te antoja eterno, mirándolo de vez en cuando, oliendolo a cada rato y oteándolo desde la puerta aprovechando que pasabas cerca. Después de ese dejar crecer a su tiempo llega el momento de la prueba final. Y le pasas sensualmente la punta del dedo índice por uno de los bordes de forma suave para que no deje marca en el físico , y te llevas el dedo a los labios y lo chupas con las puntas de los mismos a la vez que lo rodeas con la lengua para robarle el sabor que esperas de él...pero cuando tu lengua se deja enamorar por el sabor, de repente te das cuenta que no es lo que esperabas, que no tiene ese impresión intenso y único que algo te produce en el ánimo y que tu olfato te ha indicado en los primeros momentos, engañándote. Que le falta algo,pero que no llegas a comprender qué es. Entonces haces un recuento de todo los ingredientes, recordándolos uno a uno, pensando en las cantidades que pusiste, reafirmándote que eran las que debías poner. Acercando a tu memoria aquella receta y aquellos consejos de tu abuela. El calor del horno, el cuidado y el esmero, las ganas de que todo saliera bien, tu empeño...pero sigue sin ser lo que tú esperabas, y sigue faltándole algo.

Pues esto es lo mismo que me ocurre cada vez que alguien sale de mi cama.
Y otra vez la misma historia.
Y otra vez la misma decepción.
Y otra vez vuelta a empezar.
Y ota vez me digo que lo mío no es la repostería. Que a mí me gusta la carne, y si el chuletón está medio crudo, mejor.

5 comentarios:

Pedro dijo...

Ya lo hemos hablado otras veces: EXPECTATIVAS. No te hagas tantas expectativas y así no te llevarás tantas frustraciones. Íncale el diente sin más y pa'entro. Quédate con lo que tenga de bueno, que algo tendrá, seguro.
Otra vez saldrá mejor... o simplemente diferente.
Digo yo.

Besitos y que te aproveche.

(Si no te gusta, el pastel me lo mandas a mí, y al de la cama lo mandas con su madre).

genialsiempre dijo...

La carne es carne y el ser humano, mamífero y carnívoro por naturaleza, así que aprovecha que además es riquísima en proteinas, y mejor que crudo, vuelta y vuelta, dorado por fuera y sangrando por dentro.
Así, sangrando por dentro los tienes que dejar tú

mjtrafalgar dijo...

lo dicho, nada de dulzores...la carne quiere carne...y carne y carne...Fita.

Víctor dijo...

Como bien dice Pedro: EXPECTATIVAS.

¿Y qué pensabas o esperabas?

El amor es...una IDEA para la mayoría. Una realidad para unos pocos, dependencia para otra gran mayoría.
Afortunada esa minoría.
Nos vendieron la moto y nos pegamos la hostia con ella porque no sabemos conducir.
El romanticismo es una enfermedad.

Un beso.
Me parece genial el comentario de Genialsiempre. Valga la redundancia.

Alinando dijo...

Al leerlo me dieron unas ganas locas de entrar a comentarlo, el texto es ameno, descriptivo y muy bien llevado, me ha gustado la forma de describir la decepción final. Del tema tratado... en fin, que no puedo opinar, de eso no entiendo mucho... ¿o sí? Yo qué sé. Que a usted le aproveche, sea crudo, carne, pescado o espárragos con cuerdas... ;-)