lunes, 14 de junio de 2010

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Dos disparos para ti.

Voy a contar esta historia por el principio, que es por dónde se deben contar las historias. Y su principio no fue otro que el de dos adolescentes caminando un domingo de primavera por el barrio de Argüelles, en Madrid, comiendo pipas y hablando de lo que a esas edades se habla, que no es otra cosa que de chicos, de padres y de ropa.
Iban las dos con la ilusión,la picardía y la inocencia propia de aquellas trenzas a punto de morir en la adolescencia, cuando el sonido de dos estallidos indescifrables para ellas, sonaron alejándose de la calle más próxima a las dos. La mirada de una calló la mirada de la otra y al unísino aceleraron sus pasos acercándose al origen del sonido atronador cuando,en ese momento, escucharon los gritos y las carreras de varias personas gritando "Quintana,Quintana¡¡¡".
El contagio del histerismo de los demás las llevó a correr en sentido contrario al que iban, pensando, ilusas, que en la calle Quintana algo horroroso ocurría.
Pero al rato, la incertidumbre se convirtió en realidad al comprobar que no era la calle la que estaba en peligro, si no que los dos sonidos concretos y certeros, habían sido dos disparos atinando de forma exacta en su diana. El General Quintana.
En ese momento, sus trenzas cayeron al suelo. Ya no importaban los chicos, ni los padres, ni las fotos de sus carpetas. En ese momento entendieron que un sonido puede acabar con una persona, y con su mujer y con sus hijos. Entendieron, con una imagen, que existe el dolor, la incertidumbre, la rabia, lo que un nombre significa, a las calles, las profesiones, la política, la justicia y lo absurdo del terrorismo.

9 comentarios:

mjtrafalgar dijo...

Memoria histórica...relatado desde la pasión adolescente. Fita

Pedro dijo...

Nunca se podrá saber como un hecho así podrá afectar a la vida futura de alguien... lo que sí es seguro es que afectará... de alguna manera.

Sí señor.

genialsiempre dijo...

Veo que también a tí te tocó vivr de cerca, en Madrid, los actos terroristas. Sé, por experiencia, que son traumas inolvidables.

Anatxu dijo...

Soy hija de policía secreta. No he podido decir esto durante mi infancia, lo tenía totalmente prohibido.
Nunca hemos tenido coche propio, siempre el de servicio, viajamos en los asientos del tren reservados para la policía y durante años tenía totalmente prohibido abrir el buzón de mi casa.
Tengo algunos amigos huérfanos y algunos padres sin hijos.
Pero el recuerdo de mi infancia es maravilloso, aun no he perdido las trenzas.

tangai dijo...

¡Vaya historia Ana! terrible, y real, desgraciadamente...Aunque cambien los protagonistas, el hilo argumental se repite siempre...Espero que algún día se acaben estas cosas. Un abrazo, amiga.

Víctor dijo...

Sí, el teniente general Quintana Lacaci.
Lo he buscado en google. Fue en el 84.
Es realmente asolador ver cómo se va una vida en un segundo.

Anatxu dijo...

Dios, Victor. Sólo ver el año se me ponen los pelos de punta.
Fue impresionante,la verdad. Te puedes creer que vimos el coche en el que iba o iban los autores de los disparos?
Era un Citroen blanco.
No sé que habrá sido de mi amiga, Mercedes.

Víctor dijo...

Pues sí que os tocó cerca, sí.

La vida misma...

Equilibrista dijo...

uf... terrible... hay que ser fuerte frente a los recuerdos...

un beso