sábado, 19 de junio de 2010

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La reina Blanca

Aún la recuerdo. De chica, cuando iba a los cines de la calle Fuencarral, con mis hermanas o mis amigas, la recuerdo en las puertas de cualquiera de ellos.

Su figura era alta y delgada,como quijotesca, con la piel blanco anacarado,arrugada por los mil años que arrastraba. Sus piernas finas parecían sujetarla a la tierra aunque aquello fuera imposible. Las manos las tenía curtidas pero con restos de la finura y elegancia de aquellas que fueron un día las manos de una dama blanca y bella. Su cabello era de plata blanca, como de reina de las nieves, manteniendo un peinado hecho algunos años atrás, y su cabeza erguida.

Su rostro parecía ser un retrato pintado por un artista borracho de la cantidad de pintura de maquillar que llevaba. Sus labios borraban la tristeza en ellos marcados con un rojo carmín mal pintado por el pulso o por la falta de él. Y sus inmensos ojos color laguna, se aposentaban en un horizonte negro de rimel llorado por mucho tiempo. Caían hacia abajo como dos lágrimas. Dos lágrimas de amor muerto pero eterno.

Llevaba por zapatos dos tacones anchos con punta redonda de color oro de mercadillo y con un número de sobra, lo que hacía de su aspecto una imagen más patética aún si se podía. Las medias rotas de tanto estudiar carreras y la falda ancha del poco comer que la acompañaba.

Pero ahí estaba ella, todos los fines de semana. En las mismas puertas de los mismos cines con la misma imagen y las misma palabras:

"Vendo chistes de amor por 20 duros"¡¡¡

Los que por allí se criaron o crecieron o pasearon seguro que no la habrán olvidado. Va por ti, reina de los cines y del amor.

4 comentarios:

genialsiempre dijo...

Pues no la conocí, pero ciertamente, tenía visión comercial, pues en lugar de vender historias de amor (más tradicional), vendía chistes de amor, seguramente más demandados. Pero, ¿es realmente amor lo que produce chistes?

Pedro dijo...

La tengo impresa en la retina, tal como la has descrito. Súblime; como para olvidarla.

tangai dijo...

Maravilloso personaje, Ana. Tendría que ser aquella mujer un cofre de tesoros, un ser lleno de historias. Seguro que habrá quién como tú la recuerde todavía. Yo misma la estoy viendo, porque la has descrito tan bien que parece que voy a encontrarla cuando salga a la calle. A la bella dama de las nieves.
Gracias por compartir tu recuerdo.

Carmen dijo...

Con esa descripción, ahora tengo la sensación de que yo también la conocí...a lo mejor es que estamos rodeados de maravillosas reinas blancas.

Un besito.