martes, 24 de agosto de 2010

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Mis ojos,tus ojos.

Y aquí,desde mi hogar,
os grito,a vosotros.

Si,hermanos.
A vosotros os grito
y os imploro.
Os ruego y rezo
para que dejeis la ignorancia
visual para los lechos muertos.
Que saqueis de vuestro armario
de madera vieja y consumada
las brillantes y nuevas telas
para que construyamos juntos
esas escasas y valiosas vendas
que puedan tapar nuestros ojos
de los horrores de la violencia
y curar las heridas
y secar la sangre
y limpiar las carnes
de gusanos jurídicos,
políticos,
económicos,
sociales.

Dejaros de tantas voces en alto
y arrancaros las mangas de camisa
para trabajar la tierra
que es tanto tuya como mía.
Busquemos al hermano sometido
en el pasillo de nuestras casas,
en los portales y en las ventanas
sin dejar que ninguno salte al vacío.

Mis ojos serán sus ojos
y mis manos su ventura.
Mi alma será un puesto de trabajo
y su sangre mi cultura.

Encendamos un hogar
y calentemos corazones
hasta que estos hiervan
para luchar contra la mano
que nos mece la cuna
de los hijos de la muerte,
aunque no tengamos razones.

2 comentarios:

tangai dijo...

Muy bueno Ana. Necesario, comprometido y bello. Un poema que nace, como todas estas propuestas e intenciones, del corazón.
Y esto nunca se queda en letras, es una forma de mirar, como tú dices con los mismos ojos.
Todos formamos parte de todos.
Esto es fuerza.
Muy bello.

Equilibrista dijo...

ay, a veces me hacen falta estas cosas para que me tiren de la oreja, que me acomodo con mucha facilidad...

buena forma de decir lo que hay que decir, que hay levantarse...