viernes, 20 de agosto de 2010

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Sancti Petri, el comienzo y el final de un pan y dos peces.


Hoy es 20 de agosto y hoy, a las 12 y 1 minuto de la madrugada, terminé de leer "El pan y los peces" de Miguel Angel García Argüez.Un libro que plasma de una forma maravillosa el sueño de un pequeño pueblo y la labor de sus habitantes que dejaron allí sus vidas ,sus sueños y sus almas. Santi Petri. Da la casualidad que he leído este libro unas cuatro o cinco veces y en todas las lecturas he tenido que parar en el mismo punto. Sin poder seguir leyendo. Y sin saber por qué. Hasta esta vez,que lo he terminado.

Recuerdo el principio de esta historia como si hubiera sido ayer. El otoño estaba comenzando pero no hacía mucho frío aún. El aburrimiento y las ganas de narrar las letras que en esas hojas se plasmaban, nos llevó a ir a dar una vuelta a Sancti Petri.El padre de "El pan y los peces" estaba deseoso de contar y compartir todo aquello que había ido descubriendo a lo largo del tiempo que duró la investigación y la recopilación de todos los datos. Y así lo hizo.

Aunque eramos un grupo de gente, hablaré a partir de ahora, en primera persona, ya que lo que sintieron, pensaron,soñaron y disfrutaron los demás nunca lo supe. Pero yo me dejé enamorar por Sancti Petri y por la voz del narrador.
Aquello fue como ver un documental "in situ" mientras escuchabas una voz que, relatándote los acontecimientos a la vez que recorría sus calles, te transmitía su ilusión, su descubrimiento y las vidas de aquellos que no veía pero que sí sentía. Desde aquél día, cada vez que voy a ese rincón, que es muy a menudo, soy capaz de pasear con Carmen, de hablar con el farero, de escuchar las risas de Juan. También me impaciento, como todos ellos, cuando viene el cartero y espero, por si alguna carta es para mi. Lloré cuando algunos de nuestros hijos desaparecieron mientras la curiosidad llamaba a su puerta. Y también llevé mantas a los marineros que chocaban con las duras rocas del castillo. En fin, los que me conoceis sabeis lo que este lugar significa para mí.

En esos momentos en los que la vida te da una bofetada a oscuras y no sabes por qué ni dónde, me escondo, o mejor dicho, me escondía en la parte alta del edificio del cine, dónde se supone que estaba el proyector de la cinta.Y ahí me quedaba leyendo horas y horas con la satisfaccción de saber que nadie podía verme. O soñando con la multitud formada por esas familias vestidas de blanco ellas, con sus melenas bien peinadas y sus ojos llenos de esperanza.

Y en este mismo lugar, hoy, hace dos años, me enamoré. Y tuve el privilegio de compartir esta historia, sus rincones, su alameda, su iglesia, sus risas, sus gritos, sus romerias, sus barcos, sus esquinas y sus pasos prohibidos, con un dulce marinero de ojos color caño. Y en mi casa, de recuerdo,escondidos, tengo dos tejas de Sancti Petri y una losa del suelo de la casa de alguien. Ah,y una historia entre el bolsillo y el pecho. Pero, sobre todo, un pan y dos peces. Uno con corazón de atún y otro de delfín.

Y yo que soy como soy, y me guardo en los bolsillos todo aquello que me gusta y, con el tiempo, me da pena tirar porque todo tiene una hermosa historia detrás, pues a veces me doy cuenta que es tan grande el peso que llevo encima que no soy capaz de arrastrarlo y seguir caminando. LLegado este momento, saco las cosas de mi bolsillo y me las quedo mirando para ver que es lo que tiro. Y como no soy capaz tampoco de decirdir que es lo que debo dejar atrás y qué es lo que no,decido con lágrimas en los ojos tirarlo todo y volver a empezar.
Algunas que tiro me hacen sonrerir cuando las veo de nuevo. Pero otras hacen que mi corazón de delfín se encoja y escueza. Yo estoy hecha de todas esas baratijas.

Ahora llega uno de esos momentos en los que no puedo hacer otra cosa más que tirarlo todo y comezar de nuevo. Con mis bolsillos vacíos llenos de espacio para otras historias y otros recuerdos. Pero no puedo, por mucho que quiera, sentir que en ese Sancti Petri, arruinado, especulado, derruido y abandonado, se queda mucho de mí.

Cuando me preguntan de dónde soy siempre respondo lo mismo: Chiclanera, adoptada, pero CHICLANERA. y ASÍ SERÁ SIEMPRE EN MI CORAZÓN.

2 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Tiempos de no pasar por tu espacio, apenas comienzo a tomar mi ritmo para con los blog, después de una larga ausencia..



Un abrazo
Saludos fraternos...

Que disfrutes un buen fin de semana..

tangai dijo...

Muchos sentimientos respiran en estas letras.
Debe ser algo muy especial para hacer sentir a las personas que conocen Sancti-Petri tanto cariño y admiración como los que reflejas en tus letras.
Un saludo.