domingo, 21 de noviembre de 2010

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Gritemos perdón.

Yo que te arranqué los ojos
con la hoja afilada
de mi lengua de espada.

Yo que manché tus manos
de negro
con mi avaricia quebrada.
Que afilé tus sentidos
con cumbres de chimeneas alzadas,
que comulgué con tu boca
sin creer en tu espalda.

Yo que alcé mis dedos
para quemar tus selvas.

Que por mi idioma materno
cambié tu habla.

Que reemplacé tu lluvia,
tu sol y tu tierra
por una sóla creencia.


Yo, con rodillas clavadas
en tu tierra extraña,
yo, hermano,
te grito perdón.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esa Pippi Langstrum guerrera!