martes, 25 de enero de 2011

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Destiempos

Lola recibió la llamada el lunes a primera hora. Colgó el teléfono, entró en su dormitorio, sacó la caja de zapatos escondida en el canapé de la cama y salió a la calle.
Andando fue hasta el tanatorio. Allí le explicaron que aparecía su nombre y su teléfono en caso de fallecimiento. Y le tendieron las manos con la urna en ellas.
Salió a la calle y se metió en el coche. Del asiento del copiloto cogió la caja donde conservó los besos que nunca se dieron y la abrió para guardar sus cenizas junto a ellos.