lunes, 17 de enero de 2011

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Réquiem por la imaginación.

A sus pantalones sólo los lava cuando se ensucian de envidias y sus camisas nunca las plancha, porque les borra, sino, la sonrisa que se forman en sus mangas cuando roba algo en el supermercado.
Nunca dobla los jerseis para que no les salgan arrugas en los labios. Y sus medias no las guarda en los cajones porque, antes de dormir, se hace dos grandes trenzas con ellas.

Busca en los armarios calcetines viejos para hacerse unos divertidos guantes de invierno y a los abrigos les rompe los bolsillos para meter el mundo entero en ellos, aunque a veces tenga que meterse ella, también, para buscar algún viejo trapo que le sirva de sombrero.

De vez en cuando, rebusca en la cómoda vieja de la casa de su abuela, para encontrar un ajado velo negro que se pueda poner en la cabeza, a modo de duelo, si necesita ir al cementerio de los inventos en busca de algún cachivache viejo para volver a descubrir el mundo entero.




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